El Espectador, lunes 11 de agosto de 2008, sección Código, páginas 10 y 11
El filósofo ateniense fue condenado a muerte por un régimen democrático. El maestro Carlos Gaviria Díaz tiene tres hipótesis que explican la suerte final de un hombre que no nos dejó escrito su legado filosófico, pero gracias a su discípulo Platón hoy conocemos su pensamiento.
Han transcurrido dos mil cuatrocientos años y el ejemplo de virtuosidad del filósofo ateniense Sócrates (470-399 A. C.) aún sigue vivo entre los hombres de nuestro tiempo. Pese a ello, los poderosos continúan dirigiendo los destinos de los países, sin ser sabios.
"Uno pensaría, en términos platónicos, que las personas más idóneas para gobernar un país serían las más inteligentes, las más sabias, pero ordinariamente la inteligencia y la sabiduría no son los factores atributivos de poder en una sociedad", reflexiona el maestro Carlos Gaviria Díaz, ex candidato a la Presidencia de la República y actual senador (sic) del Polo Democrático Alternativo.
En el caso de Sócrates, reconocido por el oráculo de Delfos como el hombre más sabio de Atenas, esta –en apariencia– ventajosa condición le produjo una inmensa preocupación porque él se consideraba ignorante. "Yo sé sobradamente que en mí no existe semejante sabiduría, ni pequeña ni grande", afirmaba el filósofo según nos relata la Apología de Sócrates, diálogo escrito por su discípulo Platón.
Entonces, al dudar del oráculo, cuestionó a otros hombres que pregonaban en público su propia sabiduría, y concluía minutos después de sostener una conversación con un destacado político ateniense: "Yo soy más sabio que este hombre, pero hay esta diferencia, que él cree saberlo todo aunque no sepa nada y yo, no sabiendo nada, creo no saber. Me parece, pues, que en esto yo, aunque poco más, era más sabio porque no creía saber lo que no sabía".
Con modesta postura, Sócrates repetía convencido: "Sólo sé que nada sé".
Por ejemplo, recuerda Gaviria, en el diálogo Carmides o de la Templanza, "Carmides presume de sabio y Sócrates le pregunta: ¿Tú eres sabio? –Yo soy sabio–. ¿Sabes en qué consiste la sabiduría? –Sé en qué consiste la sabiduría', le hace varias preguntas más y lo confunde. Sócrates concluye: 'Tú no puedes ser sabio si no sabes en qué consiste la sabiduría' ".
También evoca cómo los cuestionamientos de Sócrates hacían quedar mal ante el público a los políticos y a los poetas que posaban de sabios. La vanidad de esa gente quedó herida.
Además, ponía todo en tela de juicio, especialmente la democracia ateniense que había sido restablecida a costa de mucha sangre por una guerra civil con el objeto de desterrar a los Treinta Tiranos, que por breve lapso instauraron un gobierno sangriento.
El juicio a Sócrates
Por eso, en una primera hipótesis sobre su llamado a juicio, el maestro Gaviria sostiene que Sócrates se convirtió (por ser un activo antidemócrata) en un personaje indeseable para los poderosos y los poetas.
Precisamente, para Gaviria ese es el cargo que más justificaría su llamado ante el Tribunal los Quinientos (el jurado lo integraban 556 ciudadanos), teniendo en cuenta (ya en una segunda hipótesis) que la democracia era un bien muy apreciado que el filósofo ponía en peligro con las preguntas impertinentes que formulaba.
Y si Sócrates fue condenado a muerte por un régimen democrático, hay quienes se preguntan si este hombre era un reaccionario, ya que fue ejecutado, tras un proceso legal, por un régimen democrático. Clarificar la situación, nos dice Antonio Alegre Gorri, profesor de Historia de la Universidad de Barcelona, exige un análisis pormenorizado de la historia de la organización y dinámica socio-políticas de Atenas en la época de Sócrates.
En la introducción de una antología de ediciones Orbis, cuya publicación reúne las versiones de Platón (alumno de Sócrates) y de Aristófanes (comediógrafo enemigo del filósofo), Alegre Gorri escribe que para entender la ejecución del filósofo es necesario aclarar que la variable política rezaría que "Sócrates fue amigo de oligarcas e incluso de traidores en Atenas (el caso de Alcibíades, ilustre ateniense que terminó refugiado en Esparta), razón por la cual, los demócratas lo condenaron a muerte. Sin embargo, destaca, los demócratas que condenaron a Sócrates eran moderados y nada fanáticos, según reconoce el propio Platón".
Esta última observación es coincidente con la afirmación del maestro Gaviria, según la cual, el Tribunal de los Quinientos jamás recibió una contrapropuesta razonable de parte del filósofo para evitar su ejecución. "No aceptó el pago de una multa, ni el exilio, tampoco el quedarse a vivir en Atenas a cambio de no volver a preguntar nada que pusiera en peligro la democracia". Estas posibilidades fueron rechazadas por Sócrates, rehusando así eludir la pena de muerte.
Inclusive, ya en la cárcel, su acaudalado amigo Critón lo visitó para informarle que había sobornado al carcelero para que huyera y evadiera una pena injusta. Pero al someter la propuesta a un riguroso examen, Sócrates declinó este ofrecimiento.
La tercera hipótesis, nos cuenta el maestro Gaviria, es muy bella. "Antonio Tovar, biógrafo español de Sócrates, dice que al filósofo le cobraron el hecho de ser demasiado individuo, persona, y para nosotros el individuo es una creación de la cultura occidental, no de la cultura griega, que -especialmente la ateniense- es esencialmente comunitaria. Entonces el hecho de que una persona se destacara demasiado entre la comunidad los incomodaba".
Los cargos contra Sócrates
El juez instructor recibió el escrito de queja presentado por Meleto, uno de los acusadores, en los siguientes términos: "Sócrates el filósofo, es culpable, porque niega la existencia de los dioses que la ciudad tiene recibidos; introduce nuevas creencias contrarias a las tradiciones, y corrompe a la juventud con sus enseñanzas cotidianas... Pido entonces, para él la pena de muerte".
El cargo de impiedad lo confunden con la herejía. "En Grecia la religión tenía más bien un carácter colectivo y la impiedad consistía en no hacer parte colectiva de los gustos. Por ejemplo, no ir al santuario de Apolo en Delfos a peregrinar cada año, eso era mal visto, y Sócrates concluía allí. De modo que ese cargo no tenía mucho fundamento", explica Gaviria.
En cuanto a la invención de nuevos dioses, en su defensa Sócrates aludía que cada vez que iba a actuar oía la voz de un demonio, de un Daimon que estaba dentro de él, que le decía que debía o no actuar. "Pero el filósofo fue mal interpretado, porque cuando se refería al Daimon realmente hablaba de una voz interna (no de una divinidad nueva), la de la conciencia que cada uno de nosotros lleva dentro y que nos dicta el bien que debemos hacer y el mal que debemos evitar", precisa Gaviria.
Entonces, le preguntamos a Gaviria si el juicio fue una excusa por parte de quienes ostentaban el poder para eliminar a Sócrates. ¿En ese contexto fue injusto el juicio y la final condena?
Y el maestro responde: "Es tan difícil dar un juicio terminante, pero por los cargos que le formularon, fue completamente injusta la condena, porque Sócrates también probó que no corrompía a la juventud".
Al final del juicio los jueces votaron y resultaron 281 votos en contra y 275 a favor. Sócrates finalizaba la defensa con estas palabras: "No digo más, porque ya es hora de partir. Yo he de marchar para morir y ustedes, para seguir viviendo".
Los acusadores
Como acusadores se presentaron tres honorables atenienses: Meleto, Anito y Licón. El primero de ellos era un joven autor trágico. Tenía el pelo largo y la nariz ganchuda. Anito tenía una curtiduría, había destacado como demócrata y enemigo de los Treinta Tiranos. Licón era rector y se ganaba la vida como profesor de los jóvenes de Atenas que se reunían demasiado a gusto en torno a Sócrates. Poco después de la condena a Sócrates, sus acusadores fueron castigados, Meleto, incluso, fue ejecutado.
Entre líneas
Este libro (Apología de Sócrates, Critón, Las Nubes) nos presenta dos visiones contrarias sobre Sócrates. Como el filósofo no escribió nada, tenemos que rastrear su personalidad y sus doctrinas por caminos sesgados, a través de su discípulo y amigo Platón, la de su antagonista, el comediógrafo Aristófanes, Aristóteles y Polícrates.
"El tradicionalista y conservador Aristófanes, con la negativa visión que propagó sobre Sócrates, prepara el terreno para que éste sea condenado a muerte por un régimen progresista. ¿Por qué Sócrates? Por su inasibilidad. Sócrates era incómodo para oligarcas y progresistas. En realidad, era un personaje que ideaba una doctrina que superaba su época. El Daimon es una misteriosa palabra que resultó ser la clave. Sócrates hablaba [d]e su demonio interior que lo guiaba para actuar. Los griegos eran muy tradicionales en las celebraciones pertinentes a sus dioses. La religión ritual representaba un 'conglomerado heredado' de creencias que se utilizaban como factor de control social. Sócrates era cuidadoso con los ritos religiosos, cumplía con ellos, pero afirmaba que la verdadera pauta de la conducta la daba la conciencia".
"Sólo sé que nada sé": Sócrates
El historiador Alexander Demandt, en su libro titulado Los grandes procesos de la historia, hace una aproximación a la vida de uno de los filósofos más importantes de la antigua Grecia: Sócrates.
Proveniente de una familia humilde, el ilustre pensador aprendió desde pequeño el oficio de escultor, al igual que su padre.
Sócrates es reconocido en la historia por la adopción del conocido método 'mayéutico', término acuñado por el nombre de Maya, diosa del conocimiento. Con la mayéutica se pretendía que el interlocutor pudiera encontrar el conocimiento por medio de preguntas cuyas respuestas se rebatían con el fin de demostrarle su error, llegando de esta manera a un concepto nuevo y diferente.
Su conocimiento lo condujo a querer hacer pensar a la gente y hacerles ver el conocimiento real que tenían. Era usual que fingiera saber menos cuando dialogaba con alguien, posteriormente les hacía notar sus errores. El método fue conocido como 'ironía socrática', expresada al máximo en una de sus célebres frases: "sólo sé que no sé nada".
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