7 de abril de 2008
Extradición = Impunidad
Por Gina Parody
© EL NUEVO SIGLO
“Preferimos una tumba en Colombia a una cárcel en Estados Unidos”,
sentenciaba Pablo Escobar y su séquito de extraditables a comienzos de
los años 90.
Y el panorama no era para menos. Vieron cómo Carlos Ledher Rivas fue
condenado a cadena perpetua por una Corte de La Florida y Manuel
Antonio Noriega corrió la misma suerte. Los mostraron encadenados de
pies a cabeza y sólo veían la luz del sol una hora diaria.
Los tiempos cambiaron, ahora prefieren la cárcel en EE.UU. En su afán
de desmantelar rutas de narcotráfico, la justicia americana ha puesto a
disposición de los narcotraficantes un jugoso paquete de beneficios
para que se acojan a su justicia, que incluye, gigantescas rebajas de
penas, seguridad en las cárceles, visa para la familia y pena
alternativa, a través de un chip adherido al cuerpo.
Estos han sido motivos suficientes para que varios de los narcos más
buscados por la policía colombiana busquen acercamientos y
negociaciones con la justicia de Estados Unidos, en detrimento de los
derechos de las víctimas.
La espada de Damocles, que significó la extradición hace una década,
pasó a convertirse en el “paraíso travel” de muchos delincuentes,
incluyendo la generación de los jefes paras de Itagüí, que desde antes
de su desmovilización buscaban la forma de irse a negociar con la
justicia de EE.UU.
Que a un narcotraficante le vaya mal con la justicia del país del norte
dejó de ser la regla para convertirse en la excepción. Ahora, con la
reciente aprobación de la extradición de alias “Macaco”, surgen dudas
respecto a la conveniencia de esta figura en un proceso de paz donde se
busca la verdad, la justicia y la reparación de las víctimas de los
grupos armados ilegales.
La extradición de alías “Macaco” es una afrenta para las víctimas de
desplazamientos, masacres y desapariciones cometidas por los 400
hombres que hacían parte del Bloque Central Bolívar de las AUC,
comandado por Carlos Mario Jiménez, al quedar la confesión de sus
delitos y la entrega de bienes en veremos.
Muchas madres se quedarán esperando las coordenadas de las fosas
comunes para saber dónde están sus hijos. Muchos campesinos se quedarán
esperando que se les devuelva la tierra de donde los desplazaron y
otros que se les repare de la muerte de un familiar.
Si la idea con la extradición es castigar a los jefes paramilitares que
continuaron delinquiendo después de la desmovilización, lo óptimo sería
que perdieran los beneficios que les otorga la Ley de Justicia y Paz y
pasaran a ser juzgados por la justicia ordinaria. La paz implica
reparar a las víctimas y evitar las futuras. Y esto requiere que la
verdad y los bienes se queden en Colombia y no en Estados Unidos.